Irene Morales Infante, Cantinera 3º de Línea: 1865-1890

06.05.2014 13:12

 

 

Irene Morales Infante, Cantinera 3º de Línea:  1865-1890
 
IRENE MORALES: LA MUJER QUE SE VISTIÓ DE HOMBRE POR VENGANZA
 
 
Reportaje de la periodista Jessica Ramos V., publicado en el portal noticioso Terra.cl, el miércoles 12 de noviembre de 2008. En este sitio hemos comentado muchas veces sobre el barrio La Chimba, pero esta es la primera vez que reproducimos algún texto relacionado con uno de los personajes del antigua sección chinganera y popular de la ciudad de Santiago; en este caso, una heroína con características casi legendarias de la Guerra del Pacífico, como es la gran Irene Morales, símbolo de la gallardía y del sacrificio de las mujeres chilenas de estratos sociales bajos y analogía femenina de nuestro “roto” nacional.
La casaron a los 12 años, pero al poco tiempo quedó viuda y cuando pensó que había encontrado el amor de un hombre, éste fue fusilado, una situación que nunca pudo separar y que la llevó a tomar de la decisión de ocultar que era mujer. 
Esta es la historia de una chilena que motivada por una tristeza profunda y una sed de venganza, decide hacerse pasar por hombre y entrar a la guerra. Hablamos se Irene Morales, una mujer que tras su muerte fue reconocida por su audacia y valentía.
¿Qué es lo que exactamente le pasó para que tomara la determinación para engañar al mundo y hacerse pasar por hombre? Esta es su muy particular historia.
 
Origen humilde
Irene Morales nació el 1 de abril de 1865 en La Chimba, considerado en ese tiempo como un barrio popular de Santiago que quedaba adyacente al río Mapocho.
Desde pequeña tuvo que lidiar con la muerte, ya que teniendo tan sólo 11 años, debió enfrentar la muerte de su padre. Tras esto debió irse junto a su madre a Valparaíso es busca de nuevas y mejores oportunidades.
Fue en esta ciudad que aprendió el oficio de costurera, sin embargo, este trabajo no le daba lo suficiente como para mantenerse, por lo que su madre, decidió que lo mejor para ella era que encontrara un esposo.
Por eso, la obligó a casarse con un artesano, sin embargo, su suerte nuevamente cambió, ya que tanto su marido y su madre fallecieron al poco tiempo.
Sola y bastante desamparada, Irene decidió partir a Antofagasta para ver si es que ahí podía cambiar su destino. Fue en medio de esto, que conoció al hombre que más tarde se convertiría en su segundo esposo.
Irene estaba feliz, enamorada como nunca, sin saber aún que nuevamente el cruel destino volvería a dejarla sola.
 
Su drama
Se cuenta que una tarde cualquiera, su marido fue agredido por un hombre perteneciente a la policía boliviana, ante esto, el esposo de Irene, se defendió y terminó por matar a su atacante, por lo que fue apresado.
Irene, al saber de esta noticia, estaba destrozada, sin embargo, apoyó a su marido. Pero aún así, éste fue sentenciado y fusilado por las autoridades bolivianas, por lo que Irene encontró un día a su esposo muerto debajo de un farol.
Esta situación fue considerada injusta y cruel por los habitantes de Antofagasta y por supuesto para esta mujer quien jampas se pudo recuperar de esta pérdida, por lo que pasó largas noches llorando y recordando la abrupta muerte de su marido. Fue que en medio de la pena, que comenzó a gestarse en su alma, un nuevo sentimiento, el deseo de venganza.
Así, esta mujer enceguecida por sus ánimos revanchistas, decidió, de manera muy clara, cómo iba a hacer para vengar la muerte de su marido.
 
La infiltrada
Irene Morales, en un acto de osadía, decidió enrolarse en el ejército chileno para luchar en contra de los bolivianos en plena Guerra del Pacífico.
Pero Irene no quería ser cantinera, cargo ocupado y permitido para las mujeres, cuyas funciones básicamente consistían en auxiliar y asistir a los soldados heridos.
Esta mujer quería ser un soldado más, pero como en esa época este tipo de participación femenina no estaba regulada, no encontró nada mejor que cortarse todo el pelo y hacerse pasar por hombre.
Si bien intentó adoptar todos los gestos masculinos, no pasó mucho tiempo antes que el resto de los reclutas se dieran cuenta que en realidad era mujer, pero lejos de ser discriminada, fue muy respetada, por la valentía que demostraba en el campo de batalla.
Tan respetada fue por el resto que no la llamaban Irene, sino que “soldado Morales”, y según cuenta la historia, era realmente una fiera cuando había que disparar o matar al enemigo.
Con fusil en mano participó en el desembarco de Pisagua en 1879 y también en el combate de Dolores. Incluso se cuenta que Irene, luego de servir como una soldado más en el combate batallo, debía incorporarse en su rol de cantinera, ayudando a los soldados caídos.
Más tarde se unió a los soldados para preocuparse exclusivamente de la atención de los enfermos y heridos de la guerra.
Más tarde incluso peleó en la batalla de Tacna y debido a todas sus valientes acciones, el mismo general Manuel Baquedano decidió darle el rango de sargento, lo que le permitió a ella usar el uniforme oficial.
 
El reconocimiento
Tras participar en la guerra, en 1890 Irene, ya de 40 años, volvió a Santiago, pero lo hizo muy enferma, por lo que debió ser internada de urgencia en un hospital.
Fue en una fría sala, sola y en el completo anonimato que murió Irene. Y si bien tuvo un reconocido y heroico desempeño en la guerra del Pacífico, recién en 1930, debido un artículo publicado en la prensa, los chilenos conocieron mejor la mujer valiente y osada que había sido Irene Morales.
 
 

 

Tumba de Irene Morales en el Cementerio General