Batalla Naval de Iquique (21 de Mayo de 1879), relato Peruano

Batalla Naval de Iquique (21 de Mayo de 1879), relato Peruano

  

En la interesante obra que sobre la guerra del Pacífico acaba de publicar un distinguido escritor, que es al propio tiempo uno de los más autorizados estadistas de Chile, don Diego Barros Arana, leemos que la escuadra chilena pudo entonces, cayendo sobre el Callao, apoderarse por un vigoroso golpe de mano de este puerto, derrotar en él a la flota peruana y asegurarse así las ventajas que sólo consiguió más tarde al precio de enormes sacrificios y de desesperados combates. El Gobierno chileno cometió el error, a lo que parece, de tomar demasiado en serio las fanfarronadas de los peruanos y de dar demasiada importancia a su potencia naval y a sus medios de resistencia. Es posible, en efecto, que en los primeros momentos de la lucha hubiese tenido éxito semejante tentativa, pero nunca había seguridades de ello. El Callao estaba en situación de defenderse. Los acorazados peruanos poseían una artillería formidable. Resguardados en el puerto, se duplicaba su fuerza de resistencia con sus baterías de tierra; las tropas de desembarque de Chile no constituían aún más que un efectivo insuficiente, y un fracaso ante el Callao, al principio de la campaña, habría comprometido grandemente la situación. Si el Gobierno chileno concibió este arriesgado proyecto, es seguro que renunció a él después de un maduro examen, y nosotros no podemos menos de alabar su prudencia.

Desde el 7 de Abril, en efecto, estaba la escuadra peruana suficientemente aprontada para que los buques 'La Unión' y el 'Tilcomayo' se hicieran a la mar bajo las órdenes del comandante García y García. Al norte de Antofagasta, en la frontera misma del Perú y Bolivia, se encuentra el puertecito de Loa, en la embocadura del río de su nombre. Aquí fué donde tuvo lugar el primer encuentro entre las fuerzas del Perú y de Chile.

La cañonera chilena 'Magallanes', destacada de la escuadra para reconocer esta parte de la costa y escoltar un convoy, se encontró de pronto frente a los buques del Perú. Demasiado avanzada para retroceder, tuvo que aceptar un combate en el que la superioridad de su tiro compensó la inferioridad de su armamento. A las precipitadas descargas de los buques peruanos, contestaba la 'Magallanes' con un fuego más lento y más metódico, pero también más eficaz. La 'Unión', bastante averiada, y el 'Pilcomayo', que se mantuvo a considerable distancia, tuvieron que dejar el campo libre a la cañonera chilena, que se incorporó a su escuadra sin mayores averías.

Alentado con este primer éxito, el almirante chileno Williams Rebolledo, que bloqueaba Iquique, resolvió dirigirse hacia el Callao y presentar combate a la escuadra peruana. El mantenimiento del bloqueo de Iquique quedó confiado a dos buques chilenos, el 'Esmeralda' y la 'Covadonga', a los que la lentitud de su marcha y su estado de vetustez hacían inútiles para la expedición que se proyectaba. Su misión debía limitarse a impedir el acceso y la salida del puerto de Iquique a los navios de comercio.

Subiendo hacia el norte, el almirante chileno recorrió la costa, bombardeando sucesivamente los puertos de Moliendo y Pisagua. Toda esta parte de la costa estaba enteramente desprovista de vegetación y falta de agua. Hubo necesidad, como en Iquique, de recurrir a los condensadores y destilar el agua del mar. El 18 de Abril fué bombardeado Pisagua, y destruido todo el material de explotación del guano. En 500,000 soles, más de dos millones de francos, se calculan los daños causados por el fuego de la artillería chilena. Lo mismo en Pisagua que en Moliendo, tomados al descuido los peruanos, no habían tenido tiempo de preparar sus baterías. Sólo Arica estaba en condiciones de defenderse.

Inmovilizada en el puerto del Callao, la flota peruana no daba señales de vida y dejaba que sus costas fuesen devastadas impunemente. El almirante chileno lo sabía y por eso iba derecho a su objeto. En Lima y en el Callao, la opinión pública sobreexcitada exigía medidas enérgicas y anunciaba la próxima partida de uno de los buques de guerra, no para proteger las costas del sur sino para subir hacia el norte y para ir a esperar a Panamá el material de guerra que se esperaba de Europa. Estos rumores, puestos hábilmente en circulación, no tenían otro objeto que engañar a la escuadra chilena, arrastrarla hacia el norte y dar un golpe de mano sobre el puerto de Iquique. Asegurado por esta inacción y por los avisos que le llegaban, el almirante Rebolledo dirigió su proa rumbo al Callao.

El 16 de Mayo, el monitor 'Huáscar' y la fragata acorazada 'Independencia', abandonaban furtivamente este puerto, y en la madrugada del 21 llegaban a la rada de Iquique.

La 'Independencia', revestida de una coraza, de 4 pulgadas y media, contaba con 22 cañones Armstrong, dos de ellos giratorios y un espolón de 12 pies de largo. El 'Huáscar', monitor de torrecillas, estaba armado de cinco cañones Armstrong y de tal manera construido que podía bajar su borda superior y no presentar al enemigo más que una borda plana de diez pulgadas sobre la línea de flotación. Contra estos dos temibles adversarios estaban lejos de poder combatir la 'Covadonga' y la 'Esmeralda'; pero sus comandantes, jóvenes activos, y resueltos, decidieron pelear hasta el fin y hundirse antes de entregarse. Intimado a rendición por el 'Huáscar', el 'Esmeralda' contestó con una andanada de artillería. Dos veces se lanzó sobre él el 'Huáscar' para atravesarlo con su poderoso espolón y dos veces la corbeta chilena logró evadir el golpe, manteniendo siempre su fuego. Al tercer ataque, el 'Huáscar' la atravesó. En el momento de hundirse, su comandante Arturo Prat llegó hasta el puente del 'Huáscar' con un puñado de sus hombres, entablándose una lucha desigual, en la que pereció aquél y todos sus compañeros. El 'Esmeralda' desapareció entre las olas no sin antes herir al buque enemigo en el puente, con una última abordada. De los ciento ochenta hombres de que se componía la tripulación del buque chileno sólo se salvaron 60.

Durante este tiempo, la fragata acorazada peruana 'Independencia', perseguía a la 'Covadonga'. Su comandante contestó con indomable energía al fuego del peruano. Sus dos únicos cañones, admirablemente apuntados, atravesaron el puente del buque peruano pero no podía morder en la dura coraza de hierro. Aprovechándose de su poco calado y de su perfecto conocimiento de la costa, el comandante Condell puso rumbo con toda audacia hacia los arrecifes llevando tras de sí en su persecución a la 'Independencia', que encalló en un banco de arena. Aún cuando la 'Covadonga' hacía agua por toda partes, acribillada como estaba por la poderosa artillería del adversario, siguió disparando sobre el acorazado peruano y no lo abandonó hasta no ver completada su obra de destrucción. Sólo entonces se resigna, no sin pena, a reunirse a su escuadra en Antofagasta.

Este combate de Iquique fué desastroso para el Perú. No solo le costó uno de sus más formidables buques de guerra, sin lograr infligir a sus adversarios más que una pérdida fácil de remediar, sino que despertó en Chile un entusiasmo delirante; Chile había comprendido lo que podía esperar de su flota y de la energía de sus marinos. De una y otra parte se habían dado pruebas de valor y nada se podría reprochar a los oficiales peruanos sino un exceso de ardor para sacar partido de las ventajas de una táctica hábil.

Burlando la vigilancia del almirante chileno y marchando en fuerzas muy superiores sobre Iquique, la escuadra peruana sacaba provecho de la falta cometida. Traicionada por la fortuna y por su impaciencia, salía de este encuentro considerablemente debilitada, pero temible aún. Mandaba el 'Huáscar' el capitán Grau; hábil marino, oficial intrépido, debía más tarde dar lustre a su nombre y despertar la admiración de sus enemigos. Reducido a sus solas fuerzas, no podía, después de la pérdida de la 'Independencia', volver a Antofagasta. El almirante Rebolledo acababa de imponerse en el Callao de la súbita partida de los buques peruanos hacia el sur. Allá llegó a todo vapor. El comandante del 'Huáscar' volvió a tomar rumbo al Callao perseguido de cerca por la escuadra chilena, de la que no pudo escapar sino gracias a su superioridad en el andar y a su sangre fría. El 7 de Junio se reunió a la escuadra en el Callao, donde la población lo acogió con verdadero transporte. Saludado con el nombre de primer salvador ilustre del Perú, elcomandante Grau no soñó más que en tomarse el desquite del infortunado combate de Iquique.