Historia Ignorada del 21 de Mayo de 1879 - ((Ricardo Torres Peña, periodista e investigador)

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Historia Ignorada del 21 de Mayo de 1879 - ((Ricardo Torres Peña, periodista e investigador)

 ¿Qué hechos se registraron antes del combate a bordo de “La Esmeralda”? ¿Por qué no se rindió la tripulación? Notable fue el comportamiento de marinos peruanos, bajaron sus botes y recogieron a sobrevivientes y muertos del buque chileno. ¿Sabe cómo vivía la tripulación a bordo de la vieja corbeta?

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Los iquiqueños, aunque conocen la historia del combate naval, ignoran ciertos aspectos de la vida marítima que se vivía en 1879. La mayoría sabe que faltando diez minutos para las siete de la mañana había tres buques en la bahía, la Covadonga, el Lamar y la Esmeralda. Y que con la llegada de los barcos peruanos Huáscar e Independencia se formaba la palabra Chile.

También saben que la batalla empezó a las 07:30 horas con un zafarrancho de combate. Que el Huáscar a las 12 horas puso proa en dirección a la Esmeralda recibiendo esta nave un tercer espolonazo que la hundió. Y que sobre la superficie quedaron restos del buque y parte de su tripulación sobrevivía agarrada a los maderos que flotaban.

Uno de los hechos desconocidos y de gran importancia lo realizó la tripulación peruana del Huáscar al bajar sus embarcaciones, prestar auxilio y recoger a los sobrevivientes y muertos. La nómina está encabezada por el primer comandante, Arturo Prat, quien fue registrado en su inscripción como “muerto abordo”. Más abajo están los nombres del segundo comandante Luis Uribe, el teniente primero Francisco Sánchez, el teniente segundo Ignacio Serrano y el resto de los rescatados.

Según la bitácora del Huáscar el mismo 21 de Mayo, a las 4:45 de la tarde, el acorazado salió desde la bahía iquiqueña en demanda de la chilena Covadonga, pero tuvo que regresar para auxiliar a la peruana Independencia que había varado en Punta Gruesa. En este instante Miguel Grau, el capitán del Huáscar, ordenó incendiar el buque y procedió a recoger a los oficiales y tripulantes de la nave peruana.

 

LA VIDA A BORDO

Hoy, los chilenos se preguntan: ¿qué sucedía a bordo de los buques de guerra chilenos en los primeros meses del año 1879?, ¿qué ocurría en la corbeta “Esmeralda”?, ¿quiénes eran y qué hacían los tripulantes de uno de los más débiles buques de la escuadra chilena?, ¿cómo se vivía y combatía en la Marina de 1879?

La “Esmeralda” era uno de los buques de menor valor combativo de la Armada en 1879. Con 23 años de servicio, las máquinas y calderas estaban en el límite de su vida útil. Entre quienes tripularon la nave, se contaban los oficiales de guerra, los oficiales mayores que eran los ingenieros, los contadores o actuales oficiales de abastecimiento y el cirujano, todos provenientes de la vida civil.

Otra categoría era la de los oficiales de mar, hoy sargentos de la Armada. En este grupo se encontraban las especialidades de condestables, contramaestres, veleros, carpinteros, herreros, calafates, maestres de víveres, despenseros y aprendices mecánicos. Eran el cuerpo técnico en un buque de guerra, por tal razón, muchos iniciaron su carrera naval como marineros tanto en buques de guerra como mercantes. Otros venían directamente del mundo civil tras ocupar un oficio especializado. La marinería la constituían los cabos de mar, los marineros y los grumetes. A bordo de la “Esmeralda” y de los demás buques de la Armada de entonces, el personal de servicio provenía se embarcaba como cocineros, mozos de cámara o pajes.

Los miembros de la Artillería de Marina, llamados hoy Infantes de Marina, desarrollaban funciones de orden y seguridad a bordo, guardia de bandera en el combate, fusileros, grupos de abordaje y desembarcos. El mismo cuerpo cubría además puestos en las fortificaciones costeras y se desempeñaban como guardias en la prisión de Valparaíso y en la colonia penal de Punta Arenas. En la “Esmeralda”, el subteniente Antonio Hurtado era el jefe de esa guarnición.

 

PRAT Y SUS VALIENTES

A bordo de la “Esmeralda” la vida no entregaba grandes comodidades. Tanto el comandante Prat como sus oficiales tenían camarotes estrechos cuyas puertas los comunicaban con la cámara, lugar donde se comía, conversaba y se compartían largas horas de navegación. Sin embargo, bajo esta cámara de oficiales estaban las máquinas, donde la vibración y el ruido producidos por el trabajo de la planta motriz no hacían agradable la estadía.

La marinería se concentraba en el entrepuente, un gran espacio situado en el interior del buque que era el comedor, dormitorio y sala de estar de la marinería y de la tropa de la guarnición. Respecto de la vestimenta usada por los miembros de la corbeta “Esmeralda”, era indispensable el abrigo y el uniforme que los identificaba como miembros de la Armada de la República, elementos que formaban parte de centenarias tradiciones. Para 1879, el uniforme en la Armada era ante todo funcional. Los oficiales vestían con “tenida diaria”, gorra, levita, chaleco y pantalón, todos de paño azul negro. La marinería usaba una blusa llamada chompa y un pantalón de paño azul, además de otro juego de color blanco. En la cabeza, la tradicional gorra de marinero con el nombre del buque en el cintillo, además del sombrero de palma de Guayaquil con su respectiva cinta. El personal de cámara empleaba una blusa y pantalón de paño sin galones ni insignias por no pertenecer aún al escalafón regular.

 

EL MENÚ NAVAL

Para la escuadra chilena de 1879 el abastecimiento de víveres significó un gran esfuerzo, pues no sólo debían ser comprados, sino que también trasladados y conservados.

En el menú naval los principales ingredientes eran carne, pan, cacao, azúcar, cebollas, papas, sal, arroz, ají color, café, y las durísimas galletas de marinero, además de charqui, porotos, harina, grasa, verduras frescas y secas, y aguardiente. El régimen de comidas era estricto, la primera era el almuerzo que comenzaba muy temprano, y se componía de galletas y chocolate caliente; luego la cena al mediodía, compuesta por platos más o menos variados donde predominaban las legumbres con ají color, carne seca y lo que se podía disponer según las circunstancias. Después de esta merienda, servían café con galletas de marinero. La comida, al terminar el día se componía de platos preparados con arroz, harina, charqui y ají de color, fritos en grasa.

Para combatir la temible enfermedad del escorbuto, utilizaban vinagre. (El escorbuto es una enfermedad producida por la carencia de vitamina C en la alimentación, que causa anemia, debilidad, manchas en la piel y hemorragias. Muchos marineros que acompañaron en sus viajes a Cristóbal Colón murieron de escorbuto.) Pero sigamos con nuestra historia.

Para calentar el cuerpo durante los inviernos les daban un poco de aguardiente. Sin embargo, a la tripulación de “La Esmeralda” no les faltaba la carne fresca. En las navegaciones largas solían llevar animales vivos. Durante la guerra de 1879, la dificultad de abastecer la escuadra con víveres frescos hizo bajar la calidad de la alimentación, más no así el esmero y dedicación en su preparación.

 

TEDIOSO BLOQUEO

La estada de los barcos en el bloqueo de Iquique fue tediosa, pero ideal para entrenar al máximo a la tripulación y matar al tiempo. La tripulación hacía ejercicios de artillería y tiro al blanco, combate individual y manejo del fusil, hachas, chuzos y sables de abordaje, maniobras veleras y toda una serie de destrezas. Un hecho casi desconocido es que la escuadra, antes y durante la guerra, mantuvo a bordo escuelas de primeras letras, donde los más aventajados enseñaban a leer y escribir, además del manejo de las principales operaciones aritméticas.

Sumado a lo anterior, la distracción contemplaba pequeñas fiestas, conocidas en la época como “fandango”, donde se cantaba y bailaba ayudando a levantar el ánimo de la marinería. Las faenas pesadas, como las maniobras veleras, levar anclas, izar la hélice o fregar la cubierta, eran amenizadas por la interpretación de algún instrumento musical. Común fue también el aprendizaje de algunas artesanías marineras, como el tallado de dientes de cachalote, adornos con nudos y tatuajes.

Por aquellos tiempos la sociedad chilena del siglo XIX era mayoritariamente religiosa. Por ello gran parte de los combatientes que marcharon al norte lo hicieron con un escapulario. Los tripulantes de la “Esmeralda” no fueron la excepción y en Valparaíso recibieron el suyo de parte de las damas de la sociedad porteña. Los oficios religiosos, ejecutados los domingos, generalmente consistían en oraciones y lecturas de pasajes bíblicos, pues no existían capellanes a bordo de todos los buques de la Armada.

Los pormenores de la vida cotidiana muchas veces pasan desapercibidos para quienes no conocen la vida a bordo de las naves, sean éstas mercantes, barcos de guerra, goletas o faluchos de 33 pies de los pescadores artesanales. Esta historia no es más que un esbozo que permite imaginarse cómo vivió aquel puñado de hombres que partió al norte en un buque viejo, pequeño e incómodo. Viejos contramaestres, jóvenes oficiales, marineros avezados en el arte naval, grumetes aún niños que correteaban por la cubierta y soldados de la Marina enrolados al pasar, lograron resistir casi cuatro horas de combate.

 

¿POR QUE NO RENDIRSE?

¿Qué llevó a esta tripulación a no rendirse, si las posibilidades de triunfar eran casi nulas? ¿Qué motivó a la dotación a no pedir su desembarco? Muchos se llevaron la respuesta al fondo del mar, pero fue precisamente esa resistencia la que convirtió a Iquique en el sitio histórico donde hoy se conmemora el combate en este mes de mayo.

Según el Portal de los Siete Mares, de la Fundación Mar de Chile, hay pocos hechos en la Historia Universal que puedan compararse con la gesta heroica. Tuvo como escenario las tranquilas aguas de Iquique. No tan sólo fue ejemplo del heroísmo razonado que el capitán de fragata Arturo Prat Chacón y la dotación de la corbeta "Esmeralda" llevaron a su máxima expresión, sino que también fue conocido por el significado y repercusiones que originó en el desarrollo de los acontecimientos posteriores.

El sacrificio de Prat y la tripulación de la "Esmeralda" permitieron que el convoy chileno transportando 2.500 hombres enviados a Antofagasta, pudiera llegar a salvo a su destino y evitó que la vital máquina resacadora de agua pudiera seguir haciéndolo, para abastecer al ejército chileno en campaña. Días después, cuando se conocieron estos hechos, Chile entero se alzó orgulloso y satisfecho. El alma nacional, hasta entonces angustiada por la pasividad de nuestras armas, se manifestó de súbito vigorosa y plena de admiración por este ejemplo de heroísmo masivo.

Se había producido la unidad nacional. Todas las voluntades se sumaron y aglutinaron en el esfuerzo común de vencer. Los mártires de Iquique dejaron señalado el camino de la victoria; cada chileno se sintió comprometido con el sacrificio de los héroes y comprendió que había que seguir la ruta de la entrega total al servicio de la nación en guerra.

 

EL DESPERTAR DE LOS CHILENOS

Se produjo a continuación la movilización torrentosa de la juventud y del pueblo a los cuarteles para integrar los cuadros movilizados; las mujeres intensificaron sus quehaceres para avituallar al ejército y algunas se alistaron como cantineras; y los labriegos redoblaron su tarea campesina al tomar a su cargo las labores de los ausentes que dejaron sus herramientas por las armas.

Pero lo más importante del combate es que inflamó el espíritu patriota de los chilenos y reforzó la norma iniciada por Lord Thomas Alexander Cochrane de pelear contra el enemigo para "Vencer o Morir".

En Iquique, Chile perdió un buque viejo, pero aquí se gestó el principio de la victoria en la Guerra del Pacífico, porque con la muerte de Prat y de 139 marinos, se creó una mística que llevó a los hombres a hacer enormes sacrificios por la Patria, lo que fue ratificado en el Combate Naval de Angamos, asalto y toma de Pisagua, la batalla de Tarapacá, la batalla del Campo de la Alianza, la toma del morro de Arica, las batallas de Chorrillos y Miraflores y el combate de La Concepción.

Con razón Chile entero venera la imagen de Prat y sus camaradas. Ellos señalaron el camino de la victoria y sirvieron de ejemplo para las generaciones actuales y futuras de la nación. Desde sus comienzos la historia de la Armada ha contado con marinos de excepción. 

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