Relato del Teniente Luis Uribe

Relato del Teniente Luis Uribe
 Iquique, Junio 15 de 1879
 
 
Señor don Juan Manuel Uribe
 
Querido tío:
Usted debe estar ya al cabo del combate de Iquique i de algunos de sus detalles. Como se puede decir que he revivido, desde que se nos dio a todos por muertos, deseo también que reviva nuestra ininterrumpida correspondencia.
Principiaré, como es natural dándole algunos detalles referentes al hundimiento de la vieja Esmeralda i la milagrosa escapada de su sobrino.
Como todos saben, el combate de Iquique duró cuatro i media horas. Lo que sucedió en este tiempo es lo que deseo que UD. sepa.
Al reconocer al Huáscar i la Independencia, ya puede UD. suponer lo que pasó por mí. De acuerdo con el comandante se tomaron las medidas conducentes para incendiar o echar el buque a pique en caso necesario.
A las 8 hs. 30 ms. la acción se hizo general. No se puede UD. imaginar el entusiasmo de nuestros marinos; cada tiro que acertábamos al Huáscar era saludado con un ¡viva Chile! La primera granada del enemigo, que nos acertó, entró por mi camarote, barrió con todo lo había dentro, pasó por la cámara de oficiales llevándose sillas, mesas, etc., i fue a romper al otro lado abriendo un boquete de uno i medio metros. Yo me encontraba en ese momento inspeccionado el pasaje de grandas i como a cuatro pasos de mi camarote. Un momento no más que hubiese tardado el proyectil, no estaría ahora con la pluma en la mano.
Pero subamos a cubierta.
Hace cerca de dos horas que combatimos i sólo tenemos tres o cuatro muertos; esto es porque las punterías del enemigo son nada certeras. El lo conoce, i cansado ya de nuestra resistencia nos embiste con su espolón. El capitán ya de nuestra resistencia nos embiste con su espolón. El capitán Prat quiso evitarlo; pero la vieja Esmeralda andaba como una mosca en el alquitrán, i recibió el espolonazo a babor frente al puente. Los cañones del Huáscar disparados a boca de jarro, antes i después del ataque, barrieron nuestras baterías.
Como UD. sabrá, el capitán Prat saltó a la cubierta del enemigo i murió allí como un héroe. Yo me encontraba en el castillo de proa, desde donde vi. caer muerto a nuestro valiente comandante. Inmediatamente me fui al puente i tomé el mando del buque.
¡¡Considere mi situación!! Me encontraba mandando un buque agujereado i haciendo agua; i con el Huáscar por delante, que desde una distancia de 100 metros hacía terribles estragos sobre nosotros. Nadie caía herido; todos eran horriblemente mutilados i a los pocos minutos la sangre corría por la cubierta. Pero nuestra gente no desmayaba ni abandonaba sus cañones.
Por un momento el Huáscar paró sus fuegos, como dándonos tiempo para reflexionar i rendirnos; no hacía más que aumentar nuestra agonía, desde que nadie pensó en arriar la bandera que flameaba en el pico de mesana.
Viendo pues el Huáscar que no nos imponía, nos embistió por segunda vez con su espolón. Por amor propio quise evitarlo, i si no lo conseguí del todo, al menos, no nos echó a pique tampoco. Sin embargo, quedando en un estado lamentable: la Santa-Bárbara se inundó i la máquina dejó de funcionar. Cuando el ingeniero me avisó esto último, me crucé de brazos. No había más que hacer que arriar la bandera o esperar que el buque se fuese a pique. Los pocos cartuchos que quedaban en cubierta sirvieron para hacer la última descarga cuando el Huáscar, viendo que aún estábamos a flote, nos dio el golpe de gracia. Ya era tiempo, la cubierta se hallaba sembrada de cadáveres destrozados: era aquello un espectáculo horrible de cráneos, brazos, piernas, etc., sembrados por todas partes.
Una granada se llevó como trece individuos, entre ellos los cuatro ingenieros; i creo que fue la última la que pasó por debajo del puente i barrió con los timoneles i otros que había allí cerca. Un poco más alto el tiro i su sobrino estaría a la fecha en el otro mundo.
Pocos minutos después de recibir el tercer espolonazo, la vieja Esmeralda se hundió para siempre en las aguas de Iquique i con ella los que tuvimos la suerte de escapar de las balas.
Después de tragar un poco de agua me encontré a flote, sin saber cómo, porque ha de saber UD. que nado como piedra.
Del agua fuimos recogidos por los botes del Huáscar i desembarcados en este puerto en calidad de prisioneros.
Cuándo nos darán la libertad? Este es un problema que deseamos se resuelva cuanto antes.
Mis recuerdos a su familia i a los amigos de Copiapó.
 
LUIS URIBE